🍃500 días de mareas ingeniosas, violentas y, a veces, también, un poco raris
Miradero cumple diez años. Bueno, a veeer, más o menos: los cumpliría hoy, si esta fuera una newsletter semanal (5 mins)
No habíais tenido que reparar las velas desde que cruzasteis la Garganta Lilith y sus tormentas eternas, pero hasta aquí, en este desierto infinito de mar, el paño sufre lo mismo el viento y la sal que en las costas de ese sitio del mundo que llamas patria, y que cada vez te cuesta más recordar.
Los daños son menores, los podrías haber remendado subido a los palos, pero el capitán ha mandado desmontar toda vela latina dañada; sabes, por mantener ocupada a la tripulación. Por evitar esas murmuraciones que empezaron desde que dejasteis la Garganta atrás para encontraros esta nada absoluta.
Al menos así te dejarán dormir tranquilo. Cuando hay faena de reparación, los veleros, como tú, están exentos de guardias e imaginarias. Guardias, dicho sea, para vigilar las olas y el correcto tránsito de los delfines, habrá de ser, porque lleváis más de tres meses sin ver navío, terruño, banco o cualquier cosa que se le parezca.
Echas mano a la aguja de bronces, grande como un puñal, y la enhebras a la estopa embreada. Coses, perdido en el rítmico ir y venir de la aguja contra el dedal de vela, que vistes como un guante, cuando una sombra te cruza en vuelo.
Crees que es sólo un parche de lona que otros veleros se están pasando, pero alguien dice:
—Ya está aquí otra vez.
Y levantas la cabeza para buscarlo en el cielo. Ahí está, es cierto. Escuchas una maldición a lo lejos: alguien que ha debido de perder la apuesta, otro día más. Es increíble que sigan apostando en su contra, en que no aparecerá.
—Dicen que lleva cartas para el rey.
Un cuervo, más grande que ninguno otro que hayas visto jamás, cruza el cielo a velocidad de artillería de costa.
—Pero llevamos sin ver tierra desde saben los dioses cuánto.
—Ciento treinta y cinco días —Gruñe tu antiguo, con las vetas de la cara más profundas que las del mascarón de proa—. Quinientos desde que dejamos atrás el pañuelo bordado de mi señora esposa. Bien lo sé, que se me viene todas las noches preñado en lágrimas, por haberse casado con tamaño imbécil capaz de embarcarse a voluntad en este... —Todavía existe el suficiente decoro como para no maldecir el navío en cubierta, bajo la luz del cielo—. Ciento treinta y cinco días, digo, desde que nos picaron las nalgas los rayos de Lilith, desde la última tierra firme en el mundo.
El cuervo se llega al castillo de popa y, como todas las mañanas, se posa en la albardilla de la ventana del capitán. Da dos picotazos y, obediente, la ventana se abre.
—No hay pájaro capaz de hacer ciento treinta y cinco días en vuelo cada mañana, ida y vuelta. Un embrujo o un pacto demoníaco, es de ley —vuelve el antiguo, la cabeza siempre baja en la labor de costura, como bordando a la lona su blasfemia.
Hay un asentimiento en el joven del otro lado de la vela, mal tendida en cubierta como en un picnic miserable:
—Han de ser… contratos de venta por nuestras almas.
La mano del capitán, empuñada con su casaca, asoma por la ventana y no necesita atar el legajo a la pata del cuervo, este mismo alza una garra, lo apresa y salta en vuelo al vacío.
—No ha nacido pájaro capaz de arrancarme el alma del pellejo mío.
Otro velero se levanta rápido a tu lado, en un salto, y, con la vista fija en la sombra que ya toma velocidad en el cielo, carga el brazo y lanza un martillo pequeño, con tal divina puntería, que cruza la cubierta y todavía los cabos para estamparse con el cuerpo del cuervo.
Un graznido gutural hace alzar la vista de toda la cubierta al cielo para ver que, del pájaro, con el impacto, sale una nube verdosa que hace rebotar al martillo lejos, hasta perderse en el mar.
El ave negra sigue su vuelo y, en tanto silencio de cubierta, se escucha el batir de alas, absoluto, como un galope de viento.
Sólo tú miras en dirección opuesta, al capitán, la mano apoyada en la baranda del castillo de popa. Los dedos tintados en negro evidencian el contraste: está cada vez más pálido, mortecino. Un sudor febril le cae del sombrero a la frente hasta llegarle a esos ojos lunáticos, ausentes.
Te despista un suspiro y, al momento, unas plumas llueven ante ti para posarse sobre tu pedazo de vela a medio coser. Son tres, negras con un brillo verdoso y una majestad tan inusual, que las podrías vender a escudo de oro, en la corte, para que la aristocracia se vista los sombreros con ellas.
Las escondes, sin que tus compañeros te vean, y te las guardas en la faltriquera.
Si alguien te ha reenviado esto, tu alguien me quiere mucho. Quiéreme tú también suscribiéndote:
O poniendo tu dinerito en esta hucha mágica que lo convierte en textos fantabulosos:
¡Cumpleaños feeeeliz! ¡Cumpleaños feeeeliizzz! 🎉
Bueno, la historia tampoco es que sea demasiado feliz,
¡PERO!
El de hoy, este que estás leyendo, es el correo QUINIENTOS que mando desde Miradero. Eso, en cómputo de newsletter semanal, habría tardado diez años en mandártelos.
Flipas.
Lo que aquí estamos bastante de la cabeza y tardamos poco menos de un año en tenerlos repartidos por el mundo. Porque creo fervientemente que algo que haces trescientas veces en un año te sale mejor que si lo hubieras hecho cincuenta.
Así que en esa travesía seguimos.
Escribo estas historias porque me lo paso bien, y porque me gusta darle lore a Miradero desde que puedo, por si no lo has notado todavía, y
¡ADEMÁS!
Me gusta aprovechar estas mismas historias para crear títulos miranderos y cositas que le den vidilla friki a este nuestro faro de mirar.
Pero ya he creado dos títulos nuevos este año y no quiero marear a la gente tampoco, así que, esta vez, en vez de eso puedes…
🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁
Ganar tres plumas de cuervo 🪶
(suena la musiquita de victoria del Final Fantasy)
Lo sé, no puedo dejar de inventarme polladas. Déjame ser feliz.
Puedes utilizar esas tres plumas de cuervo para desbloquear, gratis, los posts de pago que publique de aquí a que acabe el año.
En el siguiente post de pago te pongo las equivalencias entre divisas «🪙créditos miranderos : plumas de cuervo 🪶», que tampoco quiero volverte loco ahora.
Para recoger esas plumas de cuervo sólo escribe algo en comentarios diciendo que las quieres.
🍄Seta-recordatorio-amistoso: Esto no es YouTube, no existe algoritmo ni pollas en vinagre que me favorezca por tener más comentarios.
Lo hago así sólo para no tener que crear un formulario y enredarte más la mañana.Eso, pide tus plumitas de cuervo para conseguir evitar un mes más pagar por mi maravillosa suscripción.
Tienes hasta el martes 18 de noviembre a las 23:59 GMT.
¡Besitos volados!
P. D.: ¡Y pásate por Antes de rendir el alma!
En este capítulo ha que decidir qué dice Nora y todavía no has propuesto línea de diálogo, gandul mardito.
Te dejo aquí el resto de historias sobre la tripulación de Nuestra Señora del Miradero:
Por cierto, hablando de todo un poco: el principio de la historia sólo lo puedes leer en los correos automáticos que recibes al invitar a alguien a suscribirse a Miradero.
Te lo dejo caer, por si de pronto…




Este texto de Samuel es como abrir una botella lanzada al mar y encontrar dentro no sólo palabras, sino vida. Cada línea respira complicidad, humor, melancolía y esa chispa de locura creativa que convierte una newsletter en un universo propio. No es sólo una historia de cuervos y velas rotas: es una carta íntima desde el corazón de alguien que ha tejido quinientas mareas con sus manos, sus desvelos y su alegría. Hay ternura en cada pluma escondida, en cada guiño al lector, en cada promesa de seguir navegando aunque el mapa se borre. Y eso, en estos tiempos, es un acto de amor. Miradero no cumple años: cumple milagros.
Feliz décimo aniversario para ti y para todos los que como yo esperamos diariamente tus correos sin saber exactamente por dónde saldrás ese día, sorprendiéndonos a veces con un relato, con una poesía, con una reflexión o con la fumada del siglo pero siempre sin dejarnos indiferentes. Por supuesto lo escrito no es más ni menos sino para que me regales las plumas de cuervo 🪶🪶🪶 un besote tesoro.