đSubstack es una secta endogĂĄmica-babilĂłnica
Arguméntame lo contrario (3+ mins)
El 21 de diciembre de 2024 fue la primera vez que llamé a Substack secta endogåmica-babilónica, mås o menos:
«Hay una escritora por Substack, aka comunidad endogĂĄmica de escritores babilĂłnicos desde la que te escriboâŠÂ»
Aquello me hizo gracia y lo sigo diciendo cada vez que nombro a Substack, como parte de ese imaginario de coñitas mĂas que, si me lees con frecuencia, ya sabes que repito a cada tanto,
ÂĄPERO!
⟀(otra de las coñitas de Samu)
Que lo diga asĂ, porque me hace gracia, no significa que sea mentira.
Yo soy un pibito, en verdad; en tĂ©rminos generales de vida. Tengo treinta y tres años, lo que significa que el principĂsimo de Internet me cogiĂł â(entendido en español de España) suuuuperchico. Pasa una cosa, sin embargo, y es que tuve la suerte de tener un primo muy friki y unos padres que, muy pronto, quisieron comprarnos un ordenador.
Con diez años (en 2002) ya echaba las tardes en internet con mi hermano, David DomĂnguez đ©, cuando habĂa adultos que no sabĂan ni encender ese aparato del demonio.
Y, el tema, es que internet era un sitio muy guay.
No habĂa peleas chungas en Twitter, ni gente midiĂ©ndose la polla en Instagram y, hasta el porno, venĂa en fotos que se te descargaban lĂnea de pixel a lĂnea de pixel, como si estuvieras escanenĂĄndote la Playboy.
Te digo esto, porque Substack es el Ășltimo reducto que todavĂa se parece al buen rollo sano que habĂa en aquella Ă©poca de internet con el mIRC y compañĂa.
Claro, todavĂa hoy, si te vas a foros chiquititos encuentras ese amor fraternal desinteresado de vecinos de pueblito al que me refiero. Pero eso ya no es para nada la normalidad en una plataforma con mĂĄs de 20 millones de usuarios.
Y Substack, de alguna forma, lo tiene.
Ahora viene la parte en la que te explico lo de endogĂĄmico,
ÂĄPORQUE!
⟀(variante de la coñita anterior, pero no taaan guay)
Una vez entras en Substack como creador, empiezas a hacer muuuchas mås cosas con otros creadores de Substack que de cualquier otro barrio de la Neo-Internet City. Da igual que escribas en otros sitios, que estés en mås plataformas:
Terminas juntĂĄndote con los encapuchados naranjas, sacrificadores de corderos en nombre de Nisaba a la luz de la luna llena.
AsĂ que hoy te traigo a mi querido R. G. GarcĂa de El taller de lo imposible, al que le dije si le apetecĂa escribir un relato de fantasĂa para Miradero, me digo que sĂ y, como hombre de palabra que es, aquĂ lo tienes.
Tengo que volver sobre el relato para entender textualmente quĂ© elemento es el que te hace querer saber mĂĄs de ese personaje desde el inicio, porque consigue cogerte â(en español de LATAM) con una intriga del carajo.
Disfruta del ratito.
ÂĄBesitos volados!
Y aquĂ te suscribes a sus cosas:
Ladrones de dolor
Cuando ella me encontrĂł no era mĂĄs que un bizco andrajoso que hacĂa lo imposible por estar colocado, cuando no intentaba matarse. Pero no tenia suerte, la preciada libertad siempre parecĂa quedar al alcance de mi mano, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo como el primer amor de juventud. RecibĂa constantes palizas cada vez que me pillaban robando cualquier tonterĂa, o me metĂa mierda de la peor y mĂĄs barata, pero nunca acababa muerto. AdemĂĄs, siempre he sido un cobarde incapaz de hacer lo que tenĂa que hacer para aliviar mi sufrimiento.
En el mejor de los casos pasaba la noche en algun calabozo con olor a orĂn reseco, bajo techo y a salvo de patadas y escupitajos. En el peor... era incapaz de fijar la mirada en ningĂșn sitio, mi cuerpo se descomponĂa en dolores insoportables y sentĂa cĂłmo se desgarraba mi alma cayendo a tirones crueles como jirones de piel chisporroteando en el infierno.
Por suerte, eso ya no me ocurrĂa a menudo. HabĂa aprendido a evitar aquellas situaciones en las que mis ojos, separados de una manera extraña y exagerada por estrabismo congĂ©nito, de repente se corregĂan haciendome parecer normal, si a esa palabra le puede corresponder el hecho de que no tenga que evitar, por vergĂŒenza, girar la cara hacia un lado en las conversaciones, o que sea capaz de ver diferentes planos de realidad en un solo vistazo. HabĂa aprendido, por las malas, que si no me relacionaba, si cerraba los ojos a menudo, si no me movĂa de los lugares habituales, podĂa controlar de alguna manera mis dolorosos encontronazos con esas realidades alternativas. Realidades, por otra parte, que no entendĂa y que los psicĂłlogos y psiquiatras por los que habĂa pasado, como cualquier moneda de un bolsillo a otro, tampoco habĂan sido capaces de descifrar. Al menos estos Ășltimos me habĂan recetado pastillas de las que le tocan a uno la cabeza y eso me habĂa ayudado a cerrar los ojos y a ser menos persona.
Hasta que llegĂł ella. Me encontraba medio muerto entre los contenedores de basura volcados de un callejĂłn oscuro, oliendo a pescado podrido, alejado del mundo como un deshecho nauseabundo mĂĄs, mientras mi mente hacĂa de las suyas en algĂșn lugar desconocido para mĂ. ApareciĂł de la nada a travĂ©s de un agujero, como un vĂłrtice de las pelĂculas, me agarrĂł del brazo y tirĂł de mĂ hacia algĂșn lugar al otro lado del vĂłrtice.
Acabé vomitando hasta la primera papilla, de rodillas sobre una papelera asquerosa, con restos de comida putrefacta.
âÂżMejor? âdijo acercĂĄndome un pañueloâ. Soy Li'ahn.
Mi estĂłmago no tenĂa ganas de responder, solo querĂa vaciarse. La cabeza me daba vueltas y los ojos me dolĂan mientras hacĂan un escaneado bĂĄsico y borroso del lugar.
âÂżQuĂ© coño me has hecho? ÂżDĂłnde estoy?
âEstĂĄs en Nurha, en mi escondite âdijo ella con una sonrisa en la cara que iluminaba por sĂ misma la pequeña habitaciĂłnâ. Es donde me gusta venir a pensar.
Estaba demasiado aturdido como para poder decir algo irĂłnico, pero sĂ me habĂa dado cuenta de que no sentĂa el dolor que habitualmente sentĂa cuando regresaba de uno de mis viajes astrales. Ni me temblaban las piernas ni mi estĂłmago rugĂa de puros retortijones.
âÂżCĂłmo has hecho eso? âacertĂ© a decir.
âSoy una facilitadora. Puedo viajar a travĂ©s de portales, si quieres llamarlos asĂ âHabĂa comenzado a caminar dando vueltas a mi alrededorâ. Lo Ășnico es que necesito que alguien me los muestre.
âÂżCĂłmo? âdije con cara de gilipollas, arrugando la nariz y mostrando mis preciosas encĂas.
âMi madre era una facilitadora tambiĂ©n, y su amiga Janih era su guĂa âdijo haciendo caso omiso a mi cara de gilipollasâ. Me enseñó cĂłmo buscarme un guĂa... y apareciste tĂș.
AhĂ estaba yo, de rodillas en algĂșn lugar de a saber dĂłnde, con la cara hundida sobre mi pecho, incapaz de mantenerla erguida sobre el cuello, con los ojos cerrados tratando de superar la resaca de la mierda que me habĂa metido y que no habĂa funcionado, para evitar viajar, escuchando a aquella niñata hablĂĄndome de estupideces de guĂas y hostias...
âEn serio âsusurrĂ©, mĂĄs para cerciorarme de que no imaginaba cosas.
âSĂ... Por cierto, ÂżcĂłmo te llamas? Yo soy Li'ahn, te lo he dicho ya âdijo escondiendo su labio superior bajo el inferior, arqueando las cejas.
QuerĂa dejarme caer, olvidarme, aprovechar que no tenĂa dolor, y descansar. Pero no dejaba de hablarme, taladrando mi cerebro ya carcomido de por sĂ.
âSoy David.
âÂĄBien! Por cierto, quĂ© era aquĂ©l lugar de donde te saquĂ©, era espantoso.
âÂżCuĂĄl de todos? ÂżEl real o el que me estaba matando cuando me arrancaste? âLogrĂ© apoyarme sobre la mano izquierda para poner la pierna derecha en posiciĂłn para levantarme, pero no pude.
âNo sĂ©, estabas en el suelo con la espalda ensangrentada a base de latigazos, con el torso desnudo y apenas si respirabas.
âAhh, ese era mi lugar imaginado... Espera âdije dĂĄndome cuenta de algo, alzando la mirada hacia ellaâ. ÂżDices que me has sacado de ese lugar?
âClaro, te he sentido y he ido hacia ahĂ, eso es lo que hacen los guĂas, muestran los caminos. He tenido un espasmo, asĂ es como yo lo llamo, y he ido a buscarte.
Mi corazĂłn latĂa muy rĂĄpido, tanto como nunca lo habĂa sentido.
âEntonces ese lugar era real...
âClaro. Esos lugares que ves son todos reales, pero no sĂ© de dĂłnde son. Mi madre me dijo que las visiones de los guĂas son las visiones que una persona real estĂĄ teniendo en ese preciso instante...
âY las heridas... los latigazos... las palizas...
âLas estĂĄ recibiendo esa persona en ese preciso instante.
La habitaciĂłn quedĂł en silencio y yo no podĂa respirar. Intentaba procesar aquella informaciĂłn.
âEso quiere decir que no estoy loco âpude decir mientras la miraba a los ojos, llorandoâ. ÂżPor quĂ©... por quĂ© yo?
âEstoy segura de que es genĂ©tico, como lo mĂo. ÂżAlguien de tu familia ha sido guĂa? âEncogiĂł los hombros.
TratĂ© de pensar. Pude por fin ponerme de pie gracias al calor que sentĂa recorrer mis venas, rebosantes de sangre airada, y me acerquĂ© a ella con la mirada hacia el suelo gris de aquella habitaciĂłn frĂa como una buena cerveza.
âMi padre... muriĂł siendo yo muy niño. Nunca me dijeron de quĂ© âdije mientras ella retrocedĂa un paso, recelosa.
âAhĂ lo tienes. Seguro que era guĂa. Ah, perdona, no te puedo ofrecer nada, aquĂ no tengo nada âdijo al verme pasar la lengua sobre mis labios resecosâ. Es que Nurha no existe, solo estĂĄ en mi mente. Solo puedo traer cosas que tenga en mi realidad, pero si salgo de aquĂ estando tĂș dentro... probablemente mueras.
âNo puedo quedarme por siempre aquĂ metido, tengo una vida, aunque sea lamentable.
âYa, ya. Bueno. Solo tenemos que unirnos y entonces te podrĂ© encontrar cada vez que tengas un viajecito de los tuyos.
âÂżPara quĂ©? âdije girando sobre mĂ mismo, dĂĄndole la espalda.
âBueno, es lo que hacen los equipos. Tu y yo tenemos que trabajar juntos: tĂș viajas, te localizo, salvamos al que estĂ©n matando y volvemos. TĂș dejas de sufrir y yo saqueo lo que pueda en el viaje. AsĂ todos contentos âdijo mostrando sus manos abiertas en unos brazos estirados que parecĂan mĂĄs fuertes de lo que me habĂa fijado.
âNo suena mal... Dejar de sufrir... pero ÂżcĂłmo lo hacemos?
âTenemos que compartir sangre. Nos hacemos un corte en las manos y las chocamos. Vaya, lo que viene siendo un pacto de sangre.
TenĂa ya un cuchillo preparado en su mano izquierda y no podĂa dejar de mover su pierna derecha. Deseaba hacer eso con todas sus fuerzas.
âYo no podrĂ© hacer nada para salvar a quiĂ©n sea...
âYa lo sĂ© âdijo sin dejarme terminarâ. SerĂ© yo la salvadora, serĂ© yo la heroĂna. Y la que se haga rica, si consigues llevarme a un lugar donde haya mucho, pero que mucho dineroâ. SonriĂł mostrando una pequeña hilera de dientes blancos que me parecieron demasiado afilados para ser de una chica.
La sola idea de no sufrir mĂĄs me aliviaba el alma, pero habĂa algo que me hacĂa desconfiar. Algo ademĂĄs de que acababa de conocerla. Tampoco podĂa tardar mucho en decidirme, querĂa marcharme ya de aquĂ©l lugar pequeño y asfixiante. TenĂa demasiado frĂo y me estaba meando. Necesitaba lavarme, beber y comer para pensar mejor, para aliviar el dolor de cabeza. DebĂa tomar una decision.
âEn fin, hagĂĄmoslo. Tampoco tengo nada que perder, si me matas tambiĂ©n serĂĄ un alivio âdije acercĂĄndome a ella para coger el cuchilloâ. Eso sĂ, si me traes alguna otra vez aquĂ al menos pon una jodida estufa, y una silla para poder descansar.
Aquello olĂa muy mal, pero todo en mi vida olĂa a gangrena. AgarrĂ© su cuchillo por el filo y apretĂ© deslizando la mano hacia mĂ.
Aquella noche fue la primera tranquila en meses.






Muchas gracias Samu! Me encanta formar parte de esta secta babilĂłnica-endogĂĄmica... â€ïž