🍂Tío, ¿seguro que quieres volver a Palestina?
Cuando leas esto, estaré en un Boeing seven-eight-onewinwonwún con destino a los países que se niegan la existencia mutuamente (5 mins)
El correo de hoy viene con sorpresa, porque mi querida Jennifer McNamara, aka Geeknifer, aka la mejor locutora de Substack hispanohablante, se ha pasado por aquí para ser la voz en off del textito de hoy.
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Llevo viviendo fuera de mi pequeño terruño lleno de gente bonita desde que tengo veintiún años.
Eso no significa que haya vivido once años ininterrumpidamente sin pisar Canarias. Estoy bastante seguro de que, desde entonces, nunca he pasado un año entero sin volver, al menos, algún día.
Pero da igual si son seis meses o dos días; siempre es temporal, estar es la excepción.
Vivimos en la época de la humanidad en la que cada sentimiento tiene un síndrome asociado, porque son las cadenas que se nos han ocurrido para poseer lo que no entendemos.
Los que vinieron antes tuvieron otras.
Ahora, para algunos, los que nos tocó esa suerte, estamos en un momento de tantear con la puntita del pie el síndrome postvacacional.
Trabajar es una lata, porque a tu cuerpo de mamífero gordo podrido le e n c a n t a hibernar quietito, sin hacer nada, y comiendo turrón duro. Así que, cuando toca currar de nuevo, se te pone panza arriba la psique.
Pues, en mi caso, a esa sensación se le suma la del desarraigo.
Volver al trabajo después de las vacaciones no es sólo el abandono del ocio absoluto, sino el abandono de la gente que quiero, y eso jode más que una alarma pronto por la mañana.
En cualquier caso, con el tiempo lo he naturalizado y entiendo que es lo que hay: las consecuencias de lo que he decidido por los motivos que yo me sé.
Y no aceptar tus responsabilidades es el mejor camino para el sufrimiento constante y duradero en la vida ✨Así que esa pregunta del título, que me hizo una amiga hace unos días, es una pregunta recurrente, lo único que cambia es el destino.
Y este destino tiene otros implícitos muy concretos.
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(aunque ella no lo diga en el audio)
Un sitio diferente
Te voy a poner los implícitos en cursiva:
Tío, ¿seguro que quieres volver a Palestina? Hay una guerra allí.
Ya he explicado alguna vez que no me da miedo Palestina ni lo que me pueda pasar allá.
No me apetece volver demasiado sobre eso porque me cuesta enfocarlo sin que dé la sensación de que me quisiera hacer el Action Man de la vida.
Pero, la verdad, para mí esa pregunta suena como:
Tío, ¿seguro que quieres volver a Noruega? Hace mucho frío allí.
Bueno, pues me abrigo.
No sé si es porque estoy completamente loco, soy un temerario o un subnormal, pero tengo otras preocupaciones que colean más fuerte que morirme.
Los de arriba son los implícitos equivocados.
Si alguien quisiera hacerme remover en la silla, tendría que apuntar más hacia a estos implícitos:
Tío, ¿seguro que quieres volver a Palestina? Y crear algo bello que tendrás que volver a dejar atrás.
Una realidad diferente
Es probable que no lo sepas, los miranderos primigenios quizá lo intuyan, pero yo tengo una cruzada personal con la realidad. Por muchos motivos, pero el de hoy viene relacionado con las realidades que generas cuando estás en otros lugares.
La primera vez que me di cuenta fue cuando volví, definitivamente, sin vuelo de regreso, de Argentina.
Nunca había vivido fuera de España y, al volver, me di cuenta de que lo que yo era allí, mi vida y las personas que se quedaban, ya no existirían conmigo más.
Que hubiese conocido a una chica maravillosa allí tampoco ayudaba.
Pues claro, siempre hay una chica, pero eso es otra historia
En ese momento yo no sabía qué era esa sensación de pantomima que, como buen humano del siglo, aprovechamos para acuñar como:
Síndrome de la Pantomima
Sentía una interrupción de lo que yo era, una sensación de falsedad hacia mí mismo, como si acabara de ver una película y esas personas a las que había querido tanto ya sólo pudieran ser actores de mis recuerdos.
Estuvo jodido el asunto.
Mal.
Pero esa misma sensación se tuvo que repetir algunas veces más, tras dejar otros sitios y otras personas, para entender que la gente se te teje dentro.
Uno no se da cuenta, pero las personas que quieres existen, incluso más, contigo, cuando no están presentes.
Las personas que quieres te constituyen como ser
Eres lo que eres gracias a ellos, es imposible dejarlos atrás, aunque no os volváis a ver nunca, igual que no puedes olvidarte un brazo.
Así que entender eso me ha ayudado, desde entonces, a guardar ese último abrazo vivo conmigo y permitirme estirar mi zona de confort, tanto, que ya le he dejado el elástico todo cedido y me la tengo que poner de pijama en vez de ropa de calle.
Bueno, para algunas cosas. Para otras, y quizá más importantes, sigo siendo el campeón de los cagones.
En fin, que sí,
Siempre quiero volver a Australia, a Palestina, a donde sea que toque después, porque yo vivo en mi cuerpo, el mundo es sólo paisaje, y cada fibra de mí tiene la firma de alguien que quise y me quiso lo suficiente como para componerme como soy.
Claro que quiero volver a Palestina, bobilín; qué más da, si tú vas a estar allí conmigo.
Si quieres leer más de mis batallitas por Palestina están todas aquí
Y, de regalo, unas tomas falsas de Jennifer leyendo sin querer mis notas de edición 🐵




El café de hoy contigo, dulce con un toque amargo que es lo que le da cuerpo a lo auténtico como tú. Me encanta 🥰
Unas reflexiones muy bonitas e interesantes! Uno ha de estar donde siente que ha de estar, y no hay más historia!
Ya sabes, espero que tengas buen viaje! 😘