🍃Vacaciones Domínguez
Cosas de familia (3 mins)
De pequeño viajé mucho, porque tenía un padre que por trabajo necesitaba visitar fábricas, y una madre que sabía convencerlo de convertir esos viajes de trabajo en viajes familiares.
Italia, Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana, son algunos de los sitios a los que todavía hoy no he vuelto y que no conocería de no ser por ese pacto secreto entre mi padre y mi madre.
Secreto porque, para un niño, este tipo de cosas siempre lo son. El trabajo es una dimensión extraña, un horizonte brumoso que se traga a los padres durante un tercio del día sin dejar demasiadas pistas de a dónde. Recuerdo que, cuando mi padre contaba una de esas visitas a fábricas textiles, intentaba imaginármelo, sólo con la conversación de negocios que me llegaba, para nada adaptada a un niño.
Cómo es una fábrica por dentro.
Cómo es ese señor, jefe de la fábrica que regatea los precios con mi padre.
Qué color tienen las máquinas de hacer ropa y con qué magia las harían.
Creo que muchas veces me imaginaba esas fábricas por todo el mundo igual que el garaje de mi abuelo: lleno de herramientas, con un olor a aire quieto y aceite. Un edificio lleno de eso y mi padre en su traje hablando con un señor de gafas.
No sé por qué me los imaginaba con gafas casi siempre. A veces repeinados para atrás.
Algo curioso es que nunca llegaba a pensar que ese señor tendría empleados, para mí era sólo él con un montón de máquinas escupidoras de ropa, como el Castillo Ambulante del textil.
Cuando estábamos de vacaciones, creo que no me daba cuenta demasiado de los momentos en los que mi padre no estaba. Quizá entonces sí lo notaba, pero por lo menos no me ha permeado demasiado ese recuerdo hasta ahora.
El otro día, mi cuñada, la pareja de mi hermano, le llamó a esto Vacaciones Domínguez, porque mi hermano sigue trabajando aunque estén en Colombia, y me di cuenta. Pasé gran parte de mi vida queriendo no parecerme a mi padre y resultó que no he hecho más que seguir, en una intuición heredada, muchas de las mismas decisiones que tomó él cuando las tuvo que tomar. Los viajes, vivir en países raros, la búsqueda colateral de aventuras y terminar convirtiendo tu trabajo en tu entretenimiento, tu pasatiempo principal.
Estoy a dos horas y tres minutos de aterrizar en México y, cuando pensé en venir, la primera conexión que hice fue: y podría hacer una presentación de Caminos de vuelta.
Lo primero.
Llevo años queriendo venir a México, durante un tiempo incluso lo vi como un país al que mudarme una temporada, y cuando por fin surge la oportunidad, lo primero que pienso es cómo hacer de lo mío allá.
Me estoy cayendo de sueño, después de tres vuelos y más de treinta horas de viaje, pero sigue sin pasárseme por la cabeza abandonarme al fin a dormir sin escribirte.
Ni mañana, ni pasado. Sé que buscaré una manera, aunque esté de vacaciones. Y lo único que me perturba es que llevo demasiado sin poder responder a todos los comentarios que haces o que me escribes al correo.
No sé por qué hago esto, tal vez sea un error, pero es un error que me gusta.
Hasta mañana, si tú sigues queriendo tanto como yo.
¡Besitos volados!
🎲
Durante una semana no puedo utilizar la palabra que tú elijas.
Es un juego que me he inventado por la cara. Puedes elegir qué palabra o expresión no utilizo durante una semana aquí.




Hoy olvida los comentarios sesudos de mi parte:
KHÁ AMACIÁAAAAAN
¡México engancha! Te pega una bofetada con sus extremos para consolarte al momento con sus gentes.
Y su habla... ¡Me rechifla! Pura música.
Será muy chido, seguro.
Tómate unas chelitas y disfruta de la chamba.