🍃Cómo ligar en Substack
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O sea, sí, es clickbait. Más o menos.
Aunque yo prefiero llamarlo «correo con abrefácil».
No vengo a hablarte de cómo conseguir hacer el delicioso con algún otro sectario de este aquelarre endogámico-babilónico que hemos pintado de naranja y marcapáginas para despistar a los cazadores de brujas.
Aunque me han pasado un par de cosas raris por mensaje privado. Algún día sé que te contaré al menos una de ellas, porque fue bastante loco el rollo.
Pero, eso, otro día.
Por cierto, hablaba hace poco con alguien y, por lo visto, lo de decir «un par» laxamente, sin referirse con precisión a sólo dos unidades, es algo bastante canario.
Necesito que alguien de Latinoamérica me confirme si por ahí están con nosotros o tampoco, y «un par» es la unidad de medida definitiva que sólo los canarios nos atrevemos a desafiar.
El caso, lo de ligar en Substack.
Instagram es el cartel publicitario que te encuentras en la autopista y pone:
¡MIRADERO!
Todo lo que puedas leer por sólo $5’99
(Salida 14, a 500 metros)
Y Substack es donde te sientas a comer.
Al menos así es como lo veo yo, por eso percibo a los creadores de Instagram como seres muy ajenos a mí, criaturas como con chiribitas en los ojos y mirada perdida, y a la gente de Substack como buenos sectarios con su túnica planchadita y siempre dispuestos a sacrificar un cordero o dos a Nisaba, a la Luna o a lo que se tercie.
Quien está en Substack está que no mea con Substack, de eso ya te has dado cuenta. Como empiecen a hacer programas de partner, la gente pasará a llamarle Substack de Todos los Santos a sus hijos.
La cuestión es que, aun en un contexto tan brutalmente favorable, la gente sigue quedándose agarrada a la barra y bebiendo mucho de la pajita de su copa, evitando mirar demasiado a nadie a los ojos.
Hay gente que sigue cagada con:
Escribirle o comentarle a tal creador sobre su texto.
Contactar con tal otro creador para hacer algo juntos.
Normalmente doy el coñazo a la gente del punto primero, hoy toca a los del segundo:
Proponle cosas a la gente
Gano absolutamente nada con esto, pero de verdad lo que mola de esta mierda de sitio llena de cagadas técnicas y correos que no se envían es lo que, de pronto, surge entre dos creadores.
Haz cosas.
Aprovecha el subidón del Año Nuevo, o Reyes, para abrir ese mensaje directo y, en vez de guarredidas, proponerle a otro alguien construir algo juntos.
A las malas, te echas unas risas, igual que el último episodio de 10Mil Cagadas que hice con mi querido Raul Calderon. Muy suavecito, una charla de fondo entre colegas para una tarde de Reyes de leer el manual de instrucciones de esa cosa que te han regalado.
Le llamó Escribir bajo misiles al episodio, el hijo de puta, y tú te quejabas del clickbait mío de hoy.
Aunque, la verdad, ha sido el único podcast en donde he hablado sobre esos doce días de misiles Irán-Israel y cómo lo viví yo. Tiene derecho a haberlo nombrado así.
Si tienes ganas de algo con muuuucho más curro detrás.
El proyecto más valioso de Miradero también surgió de una colaboración en Substack: el audiolibro de Antes de rendir el alma, locutado por la inmensa Geeknifer.
Pues acabamos de empezar a lanzar el Tercer Acto, y se empieza aquí:
(no hace faaaalta que hayas escuchaaaado los anteriores, porque en cada Aaaacto se empieza de nueeeevo y bla bla bla, ya te lo sabes)
Todavía estás a tiempo de subirte al carro, este sábado sacamos episodio nuevo.
No empieces a quedarte atrás con esto, que se pudre todo.
Corre, corre.
¡Besitos volados!



Creo que una de las cosas que más "apuro" da es, precisamente, hablar con alguno de lxs fantásticxs creadorxs que hay por aquí. Al final, es más fácil quedarte dentro de tu zona de confort y disfrutar de las palabras de lxs demás, que a veces encuentras cosas que te hacen explotar la cabeza.
Yo también digo “un par” de 🍺(por ejemplo) para no parecer exagerada (o borracha) si en realidad fueron 3 ó 4 😬