🍃Miserable
Palabras que esconden verdades fundamentales de la vida (5 mins)
Hay gente que tiene palabras favoritas que resultan inspiradoras o lindas en su significado, tipo serendipia, catarsis, melifluo.
Por algún motivo, las mías suelen ir en la línea de matarife, plañidero, miserable.
Hay veces que es una cuestión puramente fonética, por ejemplo, mira tú eso: matarife, el que se encarga de matar a las reses y descuartizarlas para el carnicero.
No debería haber nada bonito en eso, pero léela en alto, si quieres comprender lo que digo.
MA · TA · RI · FE
Como que se te llena la boca al principio, con esa /m/ bilabial cargada de intención, luego esa /t/, que suena oclusiva, como un golpe de cuchillo, certero de puro nervio entrenado. Entonces la /r/, una vibrante simple, que parece arrastrar la carne cortada, sólo un momento, para terminar con una /f/ fricativa, como si se liberara el cuchillo al fin. Ese sonido afilado que silba en el aire.
Matarife.
Un juego de consonantes: sonora, sorda, sonora, sorda, como quien trincha la carne.
También vocal central, vocal central; vocal palatal, vocal palatal, igual que un grito sostenido que se agudiza al fin y se extingue.
Casi que cuenta toda una historia, sin pretenderlo demasiado.
Las palabras son apasionantes.
Y siguen caminos que a veces parecen inescrutables, como los de Diosito. Porque esta palabra está muy lejos de ser como traqueteo, que tienen su origen etimológico en la onomatopeya que producen trac-trac-trac.
Aunque no lo creas, tampoco viene de matar.
Parece que tiene su origen en la palabra árabe muqrif, «sucio», que la adopta primero el portugués, como magarefe.
Sí estás solo y no te importa sonar un poco bobito, lee esa palabra con acento portugués: magarefe.
Imagínate a un castellano medieval escuchando eso y sumando uno más uno:
TU ABUELÍSIMO MEDIEVAL: Si este le llama magarefe al que mata la vaca, pues será que viene de matar.
Y repite la palabra en su comarca como: matarife.
Así que está relacionada con matar por etimología popular, sólo por la casualidad de sonar parecido. Igual que si te contara que matarife viene del que «mata la fe», un invento absoluto, pero que, como hay un fe ahí, pues alguno habrá que me lo podría comprar.
Pero no quería hablarte de esa palabra hoy.
Si alguien te ha reenviado esto, tu alguien me quiere mucho.
Quiéreme tú también suscribiéndote:
Eres un miserable
Estaba el otro día en el sofá leyendo a alguien, que ni lo recuerdo a él ni lo que decía, sólo me queda ese poso de ruindad que me dejó dentro lo que escribió,
Y dije, en alto:
—Vaya miserable…
Y, al escucharla, me di cuenta de que se acababa de convertir en la nueva incorporación a mis palabras favoritas. No por fonética, sino porque me di cuenta de que yo también soy un miserable.
Y tú, claro.
No sé si te has dado cuenta de que la vida es sufrimiento.
Ya, ya lo sé.
Me vas a decir que la vida no es sólo sufrimiento. Que también son cosas bonitas y que decides quedarte con las cosas bonitas, no con las que amargan y tal.
Yo coincido contigo, porque sé que en la vida hay cosas bonitas, un millón, pero creo que la auténtica verdad invisible de la vida, eso que permanece detrás de toda felicidad, es el sufrimiento.
El sufrimiento es el punto en reposo de la vida, el resto son exaltaciones curiosas.
No creo esto tipo porque la vida sea un lugar al que venimos a sufrir, como en una condena eterna infernal, creo que nuestra forma de vivir la convierte en un sufrimiento.
Somos los únicos culpables de hacer de la vida el sufrimiento que en verdad experimentamos.
Esto lo digo, desde luego, bebiendo del budismo
Hay gente que asocia el budismo con personas extremadamente felices, pacifistas, tranquilitas hasta el punto en el que, en vez de matarte, porque te lo merecerías, se prenden fuego delante de ti para que te des cuenta de que eres un pedazo de mierda.
Pero la Primera noble verdad del budismo es esa: «La vida es sufrimiento».
Y, si lo piensas en serio, sin querer aferrarte a eso de que la vida es también felicidad y piruletas, tiene sentido, porque la Segunda noble verdad te dice que el origen del sufrimiento es el deseo, el apego y la ignorancia.
Piensa en los grandes dolores, pesares y sufrimientos que tienes y has tenido en tu vida.
Hay dos mil personas en Miradero, es muy altísimamente probable que no te conozca, pero puedo decirte, a ojos cerrados, que tu sufrimiento es igual, exacto en origen, a cualquier otro lector de Miradero y del mundo.
Detrás del dolor físico y emocional, aparte de un tema de sistema nervioso: está el deseo de no sentir dolor. Despreciar tu estado, sea cual fuere, y ansiar otro. También entra aquí la ambición, búsqueda de felicidad, comodidad y toda persecución eterna en círculos.
Detrás de la pérdida de un ser querido, una ruptura, un despido, una quiebra: está el apego, el querer aferrarte a un estado anterior, a no dejar ir, a negar la impermanencia y el cambio constante de las cosas en la vida.
Detrás de todo esto está la ignorancia, quizá la gran fuente de dolor: no ver las cosas como realmente son. Es fácil cegarse y ver el síntoma del sufrimiento y no el origen, lo que te lleva a enredarte en el sufrimiento todavía más.
¡PERO!
Aquí empieza la parte feliz del budista meditativo, sonriente, imagen que tienes en la cabeza, porque la Tercera noble verdad es que el sufrimiento que es la vida puede acabar.
No es la naturaleza última de la vida, sino cómo estamos acostumbrados a vivirla.
Por eso eres un miserable
La palabra miserable tiene dos partes: mísero + ble.
El sufijo «-ble» en español significa «eso que puede ser algo», «eso que es susceptible de ser algo».
Plegable es eso que puede plegarse. No está plegado necesariamente, pero puede.
Inflamable es eso que puede prenderse fuego. No está en llamas, pero puede.
Miserable es el que puede ser mísero, el que es susceptible a ser mísero, y eso es lo que somos.
El hecho de que tu vida sea una miseria es algo potencial; tu vida, en un porcentaje demasiado alto, es cómo decides encajarlas, cómo te la cuentas a ti mismo.
La vida nace de ti, no viene para atravesarte.
LECTOR: Bah, es que los privilegios occidentales de blanco no te dejan ver que hay otras realidades más complicadas que…
Cállate y haz el favor de leer El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl.
Unos pobres diablos en un campo de concentración nazi, que saben que van a morir de la forma más terrible imaginable y, todavía, el que tenía la sangre fría de ver más allá, ver que la única libertad que tenían ya era decidir cómo y por qué sufrir, era el único que no se abandonaba a morir, hasta que no le arrancaran la vida de las carnes.
No es una novela, es un testimonio real y Viktor Frankl estuvo entre esos pobres diablos, en cuatro campos diferentes, flaco como un pirulí igual que el resto, pero, al contrario que otros, además de buen observador resultó ser, también, psiquiatra.
No un monje en una cueva mascando pasto ajeno del mundo.
Que el auténtico sufrimiento de la vida viene de ti aplica en cualquier contexto. Métanse los privilegios por el culo. Estamos hablando de cosas que trascienden al individuo, sea cual sea su contexto vital, porque afectan por igual a todo humano nacido y por nacer.
El contexto cambia, el dolor es el mismo.
Eres un miserable.
Eres alguien susceptible de ser mísero, alguien con la capacidad de ser mísero.
Y la única persona en el mundo que puede conseguir hacerte un miserable eres tú.
Nadie más.
Patalear, tratar de negarlo, ponerte la excusa más creativa del mundo para argumentar que tu caso es diferente, que la culpa en verdad es de… esa es la tercera fuente de sufrimiento: la ignorancia, ser incapaz de ver las cosas como realmente son.
Deja de culpar al mundo, hazte cargo de tu vida.
¡Besitos volados, miserable!
P. D.: La Cuarta noble verdad del budismo es la que te dice cómo dejar de sufrir y la que articula toda la filosofía budista, que es el Noble Óctuple Sendero.
Por si te lo estabas preguntando.




Otro texto de encaje de bolillos. ¿Qué mecanismo hay en tu cabeza que te lleva de A a B y luego a C ligándolo todo con maestría?
Y siempre aprendiendo cosas.
El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl, es uno de esos libros que tendríamos que volver a leer cada cierto tiempo. Su lectura es un golpe no sé si decir en el alma, pero que te golpea, seguro.
Te agradezco la idea de tratar de relacionar el budismo con el sufrimiento para mi cabeza.
Pero olvídalo. Ya habías hecho el trabajo de "enrutarlo" con otra cosa.
Gracias a ti, con el budismo pienso en mosquitos.