🍃Siento cosas
Será por la primavera (3 mins)
El otro día hice un mini apunte de mi relación con la palabra cosa.
Dije de es esa palabra que contiene todo lo que existe, todo lo que existirá y todo lo que no, nunca, de ninguna manera. Que antes me parecía vaga, insuficiente, como de niño chico que no sabe expresarse todavía del todo, pero eso sólo me pasaba porque yo era, en verdad, el niño chico que quería llenarse las tallas sobrantes del traje con paja y espumita de sofá barroca.
Atrévete a decir manzana.
No recuerdo quien dijo eso, qué escritor dijo eso. Luego lo busco y te lo pongo en una nota1. Pero hay veces que los que creamos cosas, con palabras, pinturas, acordes o lo que sea, buscamos un retuércano que, de tan elaborado en su profundidad, se vuelve artificial y lejano para el receptor.
La concreción perfecta y el aislamiento de laboratorio literario asfixia lo puro del sentimiento. Atrévete a decir, simplemente, manzana. Gilipollas.
Porque las palabras más cotidianas tienen la fuerza demoledora de los churros con chocolate, las cáscaras de pipas y las líneas donde tender bragas y camisetas de pijama.
Y no conozco un verso yámbico que pueda competir contra un cenicero a la puerta de un ambulatorio o un taxista que empuja su coche en punto muerto por la parada.
Pero te venía a hablar de otra cosa yo.
Aquel día que me dio por divagar sobre la palabra cosa, una lectora, Uma bruxa que observa do Sul, comentó esto:
Ojo.
Hay grandes revelaciones lingüísticas que suelen venir de hablantes de segunda lengua, y esto no es casualidad, magia ni la suerte del principiante.
Un hablante no-nativo tiene una ventaja absoluta sobre ti: que él no tiene tu lengua automatizada.
Le ve las costuras metafóricas al crudo, con todo el hilván todavía entremetido, ese que tú tienes tan naturalizado que eres incapaz de ver.
Piensa, qué sé yo, en «a duras penas»; es una fumada que usemos eso para decir «difícil» o joyas etimológicas, sepultadas por siglos de arenilla arqueológica de la lengua, como que recordar signifique «volver a pasar por el corazón» y otras fantasías de estas.
Pero lo que más me interesa de todo lo que dice Uma bruxa que observa do Sul no es tanto eso, como otra cosa a la que llevo dándole vueltas desde que soy adulto:
Hay sentimientos que se entienden mejor cuando no te esfuerzas por entenderlos.
Por ejemplo, todos nos enamoramos de alguien cuando éramos niños. Si le preguntaran a tu yo de cinco años por qué quiere a Manuelita o a Jorgito, lo más seguro es que te encogieras de hombro y sonrieras.
Pero sonrieras con el corazón hecho almíbar.
Ahora, de viejo, te enamoras o estás frente a tu pareja y tienes que describirte el teorema del amor, y argumentar por qué esa persona encaja infaliblemente en los cálculos, para poder justificarte que tengas el derecho a amar a esa persona y no otra.
Hay una belleza en la vaguedad que trampea la inteligencia humana, crea un atajo directo al corazón que se salta el peaje del raciocinio.
O yo creo que es así.
—Siento cosas por ti.
—Mis sentimientos me trascienden.
—Lo que siento por ti es inefable.
Inefable te habla desde las almenas de una fortaleza medieval, cosas te da la mano en el parque de columpios y te invita a un helado con su paga.
Creo que más o menos esto es de lo que te quería hablar hoy: lo poderoso que es hablar normal.
¡Besitos volados!
Te dejo aquí el enlace al texto que cité arriba:
⮤ «El otro día hice un mini apunte de mi relación con la palabra cosa.»
¡¡Pooooorr cieeeerto!!
La votación, sin duda, más importante en lo que vamos de Acto para el futuro de la historia de Antes de rendir el alma.
Y la encuesta está casi casi empatada, pásate a desempatar el tema:
Pues lo dijo Claudio Rodríguez.





Me has hecho sentir cosas hoy. Así tal cual. Y así como es mejor hablar sencillo, deberíamos vivir fácil. Dejar las pajas mentales para otro día (lo dice la de las idas y venidas😅).
Columpiarnos por la vida. Eso deberíamos hacer. 💙💙😉
Cuanto más fácil mejor llega el mensaje. Lo retorcido lo podemos dejar para otros momentos y con la conciencia de querer disfrutar de ello que también tiene su lugar.