¡NO! (Vehemente) ¡no! ¡Ya no juego a las cartas!
Luego me habló de su problema con el juego... apostó a los caballos, jugó a las cartas... Él ha estado limpio durante años. Él me no iba a empezar a jugar un inocente juego de cartas conmigo...
—¿Saben jugar a las cartas? —dijo Amalia y levantó las manos en defensa al recibir tales miradas—. Sin apostar, sólo para pasar el tiempo.
Cuando estaba desempleado hace un par de años, pasaba el rato en un café local por las tardes y resulta que es el lugar donde pasan el rato todos los italianos jubilados.
Conocià a un siciliano al que le gustaba charlar conmigo y contarme historias sobre su vida. Un niño en Después de la Segunda Guerra Mundial Sicilia, emigrando a Alemania, luego a América.
Habló de jugar a las cartas y de enseñar a sus hijas a jugar, hace años...
Un dÃa le pregunté si jugarÃa a las cartas conmigo, si traÃa algunas a la cafeterÃa. Como solÃa jugar con mi abuela italiana y pensé que serÃa divertido.
¡NO! (Vehemente) ¡no! ¡Ya no juego a las cartas!
Luego me habló de su problema con el juego... apostó a los caballos, jugó a las cartas... Él ha estado limpio durante años. Él me no iba a empezar a jugar un inocente juego de cartas conmigo...
En su lugar, me dejó ayudarlo con su crucigrama italiano (¡no sé italiano!) 🤣
Jajajaja, qué buena historia, Rosemary. Os he podido ver resolviendo ese crucigrama juntos.
“le estuviera tirando y requetetirando con tenazas de una muela negra que no querÃa mudarse de aquella boca. “
En mis veinte años salà con un hombre de Myanmar. Creció en los suburbios de Rangún. No pude decir qué tan lejos fuera. Me dijo que no tenÃan dentistas en su área. HabÃa un tipo que estaba sentado a un lado de una carretera en una alfombra con alicates... esperando a sus clientes... esto fue en la década de 1980... Nunca fui más feliz de tener atención dental que después de escuchar esa historia. (Él tenÃa todos los dientes, pero contaba historias... 😬)
Real como la vida misma