🌾XV: Antes de rendir el alma
Continuación de la historia de Alma (Decimoquinto movimiento)
Tienes el anterior movimiento de Cándido aquÃ:
Si no sabes de qué va esto, o te has quedado más atrás, puedes buscar en el Ãndice de la partida y empezar a leer desde el principio.
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Huyes, buscas un escondite
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Si tuvieras que decir la verdad y nada más que la verdad, te sientes tentado por ser el héroe de la pelÃcula.
Salvarle la vida a una moribunda, ir corriendo, sin camisa, agarrar la espada y clavársela por la espalda al mutante asesino. ImagÃnate. Además, está bastante claro que ese tipo es el malo en todo esto, aunque no estés del todo seguro sobre lo que esté haciendo allÃ. Casi te gustarÃa quedarte un poco más, entre el follaje, y ver qué es aquello que vale cortarle el cuello a una muchacha en bata.
Pero no hay tiempo, no sólo te tienes que esconder tú, sino a tu vecina, asà que deshaces el camino, algo más acostumbrado al terreno irregular del bosque. La mujer sigue dónde la dejaste, bajo el paraguas, tiritando por la pérdida de sangre. La disminución de oxÃgeno en sangre no la va a dejar levantarse en un rato, asà que la tomas por las axilas y, como puedes, la arrastras detrás de los arbustos.
Jadea como si hubiera estado corriendo mientras no estabas. Respiración acelerada y superficial, el cuerpo intenta forzar la recuperación de oxÃgeno. Es curioso que, después de tanto tiempo, toda esa información sigua ahÃ, en una esquinita de tu cabeza.
Se te ocurre algo: vas recolectando las hojas caÃdas menos candentes y le rellenas la bata con ellas. Asà no le va a disminuir la taquicardia, pero al menos la sensación de «ay, ay, me estoy muriendo» se le aliviará un poco, aunque que esté desnuda tampoco ayuda demasiado.
Te detienes.
Un nuevo sonido rÃtmico en el camino, pero más macizo y sonoro a cada golpe. Al poco, ves aparecer por allá a la montura con el jinete balanceándose sobre ella.
—¡Mierda! La muleta.
Se te ha olvidado la muleta, ahà tirada, en medio del camino, señalando estúpidamente el punto justo donde os habéis escondido. Aprietas los dientes, te haces un bloque de mármol. Si se para, ¿corro? ¿Dejo atrás a esta pobre mujer? ¿Me quedo a que me despedace? Las manos se te crispan en la empuñadura del paraguas, sufriendo la realidad de tener que usarlo contra una espada de verdad como toda defensa. Tuve que haberlo ensartarlo cuando pude. Tuve que haber…
Pero la montura emplumada pisa la muleta como si se tratara de una raÃz más del camino, la quiebra y sigue sin que ninguno de los dos le de mayor importancia. Respiras. Relajas la presión sobre el paraguas y te giras hacia tu vecina, como para compartir una celebración silenciosa, cuando ves que, las hojas que debÃan estar ya apagadas, mantienen todavÃa su luz, sólo un poco, lo justo para seguir dándole algún calor a ese cuerpo pálido de la enferma. A su alrededor, el resto de hojas más apartadas está totalmente apagado, convertido en esa ceniza musgosa que puebla el lecho del bosque.
Te acercas a ella.
La respiración se le ha serenado, como si estuviera dormida, y te das cuenta de que no quieres acercarte a tomarle el pulso para comprobar si también ha frenado la taquicardia. De pronto, sientes algo extraño en ella, como si mirarla fuera asomarse a un acantilado.
—El bosque ha perdido su voz con su devenir último… —dicen sus labios, pero aquella voz no es la misma que te habló en tu casa.
Suena como un eco mortuorio, el suspiro de un espectro que viniera de mucho más lejos, mucho más profundo que de sus pulmones. Cuando habla, las hojas que la revisten vibran en una onda de colores coordinados.
—Ahora sé que no sois HÄ™rtigos, los HÄ™rtigos son incapaz de una cobardÃa como la que ambos habéis demostrado. Sois otra cosa, insignificante y quebradiza, pálida y blanda.
—A ver… —dices, pero te detienes. Te das cuenta de que el temblor de voz no harÃa sino corroborar lo que dice.
—El embrión, el legado del bosque, el Heredero… Bajo la luz de Tenati y sus hermanas, el bosque ha sido abandonado, expoliado… Desde luego, tampoco habéis de ser Feyias. ¿Qué gran potencia os envÃa, entonces, a gastar tamaña burla al bosque?
Repentinamente, te cuesta más ver en la noche. Te frotas los ojos, pero pronto entiendes que se debe a la pérdida de luz en las copas de los árboles. Las hojas, aún en sus ramas, se están apagando muy lentamente.
—El bosque se rinde… El bosque morirá en nuestra savia…
Si no sabes qué significa «Diálogo abierto💬» o no recuerdas cómo funciona, pásate por el libro de reglas.
Por lo demás, tienes hasta el domingo 6 de octubre para votar qué rumbo quieres que tome nuestra historia: una búsqueda épica por un mundo desconocido o la vuelta a nuestra realidad, algo más desordenada de lo normal.
Elige saviamente, ¡besitos volados!
(madre mÃa, terrible chiste para despedir)





Diálogo abierto:
—Tiene que haber otra manera... No zoy ningún guerrero...
A ver, quiero ver que hagan algo imprudente. No me creo que Muletaneitor, aún fragmentado, y Paraguasneitor no puedan con una espadadita y un dinosaurio.